En lo alto del Cerro del Castillo, junto a la A-4 y muy cerca de la aldea de Navas de Tolosa, en el término de La Carolina, se levanta una pequeña fortaleza que pesa mucho en la historia de España. Desde este roquedo se controlaba el antiguo paso del Muradal, el camino natural de Sierra Morena que hoy conocemos como Despeñaperros, y su nombre acabó pasando a la batalla que se libró a sus pies en el verano de 1212.
Historia
Su origen se sitúa en época andalusí, entre los siglos X y XII: formaba parte de una red de pequeños castillos encaramados en alturas fáciles de defender para vigilar los pasos entre al-Ándalus y la Meseta. Las crónicas árabes lo citan con nombres que se traducen como castillo «de las cuestas» o «del águila», y también se le ha llamado de los Collados o de las Águilas. Junto a Castro Ferral, era una de las puertas del Muradal y, por eso, un objetivo prioritario para el ejército cristiano.
En julio de 1212, días antes del gran choque del 16 de julio entre las tropas de Alfonso VIII y el ejército almohade, la fortaleza cayó en manos castellanas. Uno de los cronistas de aquella campaña, el arzobispo de Narbona, la mencionó como castillo de Tolosa, y así quedó bautizada para siempre la batalla de las Navas de Tolosa. Durante el siglo XIII siguió vigilando el tránsito de tropas y viajeros por la ruta del Muradal. Las excavaciones de la Universidad de Jaén han confirmado que no era una simple torre vigía, sino un verdadero castillo.
Qué ver
- La torre hexagonal, la parte más visible de la silueta del castillo.
- El recinto amurallado de planta irregular, adaptado al roquedo, que aprovecha la propia roca como cimiento y defensa.
- Los muros de tapial con un fino enlucido grabado en bandas que imita una mampostería sólida.
- La puerta principal, en el lado oeste, protegida por un muro acodado, y una estrecha poterna junto a la torre, en el flanco oriental, resguardada por una roca.
- Restos de dependencias interiores y un posible aljibe, además del paisaje de dehesa sobre el barranco del río La Campana.
En los pueblos de alrededor todavía circulan leyendas de tesoros y pasadizos ligadas al castillo, que forman parte de la tradición oral de la zona.
Visita
El castillo está en una finca ganadera privada y no tiene acceso público libre. Para acercarse hay que pedir permiso a la propiedad, a través del Complejo Turístico Orellana Perdiz (A-4, km 265), o sumarse a alguna ruta guiada que cuente con autorización; el terreno es de caminos de tierra y campo a través. Sin entrar en la finca, se puede contemplar a distancia desde los miradores del área de La Aquisgrana, y muy cerca pasa el sendero GR-48 de Sierra Morena.
La escapada se completa con otros rincones del municipio, como el mirador de Pozo Nuevo en El Centenillo, o con otras fortalezas de la provincia, como el castillo de Burgalimar en Baños de la Encina. Hay más ideas en nuestra sección de castillos de Jaén.