¿Cuántas leyendas de «la mona» de la catedral conoces?

¿Cuántas leyendas de «la mona» de la catedral conoces?
la mona de la catedral

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la mona de la catedral

¿Alguna vez habéis oído algo acerca de «La Mona» de la Catedral de Jaén? Para los que no la conozcan, esta curiosa criatura se ha ganado un lugar especial en el corazón de la ciudad y en sus leyendas. Si te fijas, (quizá te cuesta un poco) en la parte más antigua de la catedral de Jaén se encuentra este personaje en una esquina, al que no le falta ni un pelo de misterioso, y eso que es de piedra…

Pero ese miedo se ha perdido. Hoy en día, la Mona es un icono querido en Jaén, y ha dado su nombre al «Callejón de la Mona». Esta figura cuenta con varias leyendas alrededor, aunque también tiene una explicación más puramente científica. ¿Os apetece conocer algunas de las leyendas más famosas que rodean esta misteriosa figura?

Hoy os traemos una recopilación de las leyendas de «la Mona» más populares entre los jiennenses, aunque estamos seguros de que existen muchas más historias y anécdotas.

Leyendas de la mona de la Catedral

La ladrona convertida en piedra

Hace muchos años, durante la Semana Santa en la ciudad de Jaén, en España, la catedral estaba llena de fieles que acudían a las celebraciones religiosas con gran devoción. Sin embargo, entre la multitud de creyentes también había algunos individuos con intenciones menos nobles.

En una de esas noches sagradas, mientras la catedral estaba iluminada por las velas y el incienso llenaba el aire, se produjo un robo. Una mujer, conocida por su astucia y malas mañas, fue sorprendida in fraganti robando objetos sagrados del templo. Los fieles, indignados por su sacrilegio, decidieron tomar justicia por sus propias manos.

Los fieles, en su ira atribuyeron el acto de robo a una ofensa directa contra la santidad del lugar y, en un acto de juicio sumario, decidieron castigar a la mujer convirtiéndola en piedra.

Desde aquel día, la figura de la Mona ha permanecido en la catedral como una advertencia para aquellos que osen desafiar la santidad del lugar.

La mujer maldecida

Esta leyenda relata la historia de una mujer que, según cuentan, había hecho un pacto con el diablo en búsqueda de poder y riqueza. Esta mujer, cuyo nombre se ha perdido en el devenir del tiempo, habría vendido su alma a cambio de obtener todo lo que deseaba en la vida.

Sin embargo, como suele suceder en estos relatos, la mujer acabó traicionando al diablo. Se desconocen los detalles exactos de cómo ocurrió esta traición, pero se dice que la mujer aprovechó su acuerdo con el demonio para enriquecerse y ganar poder, sin cumplir sus promesas.

Al enterarse de la traición, el diablo, furioso por haber sido engañado, decidió castigar a la mujer de la manera más cruel posible. En lugar de simplemente llevarse su alma como estaba estipulado en el pacto, el diablo decidió infligirle un castigo que dejaría una huella indeleble para que todos lo vieran.

Con su poder infernal, el diablo transformó a la mujer en una estatua de piedra, congelando su forma y su rostro en una expresión de angustia y desesperación eternas. Esta estatua se colocó en la Catedral, no solo como un recordatorio del castigo por traicionar al diablo, sino también como una advertencia para aquellos que pudieran considerar hacer tratos similares con fuerzas malignas.

La mujer poseída por el demonio

Hace muchos siglos se contaba la historia de una mujer atormentada por la presencia de un demonio. Esta mujer, cuyo nombre se perdió en las brumas del tiempo, había sido poseída por una entidad maligna que había sembrado el caos en su vida y en la comunidad que la rodeaba.

Los habitantes de Jaén susurraban entre ellos sobre la extraña conducta de la mujer, quien parecía ser presa de fuerzas más allá de su control. Sus ojos, una vez llenos de vida y luz, ahora reflejaban la oscuridad del abismo. Sus palabras eran a menudo incoherentes y llenas de malicia, y su presencia inspiraba temor en todos aquellos que se cruzaban en su camino.

Los sacerdotes de la catedral intentaron en vano exorcizar al demonio que habitaba en el alma de la mujer. Con el paso del tiempo, la situación se volvió insostenible. La presencia del demonio en la mujer amenazaba con desencadenar un mal mayor sobre la ciudad de Jaén. Los fieles de la catedral, en un acto desesperado por proteger a su comunidad, buscaron una solución radical.

Guiados por la fe y el temor, decidieron sellar a la mujer y al demonio en una estatua de piedra, confinándolos para siempre en el corazón mismo de la catedral.

Se creía que la presencia del demonio continuaba encerrada dentro de la piedra, condenada a una existencia eterna como advertencia para aquellos que se aventuraban por los senderos oscuros del alma.

La maldición de la mona

Cuentan las voces populares de Jaén que esta pequeña estatua sigue maldita a día de hoy y se auguran desgracias para aquellos que se atreven a buscar la ubicación de la mona y a mirarla a los ojos. Muchos creen que esta figura es capaz de echar mal de ojo a quien se atreva a perturbarla. Por ello en Jaén también es muy conocida la historia de un niño que murió sin motivo aparente poco después de asestar un pedrazo en la nariz a la mona.

Explicación científica de la mona de la Catedral

Los estudios han revelado que la mona podría ser un autorretrato de un escultor de la catedral, con su barretina típica de Cataluña y Aragón, o quizás un hombre musulmán, dada la apariencia de llevar un turbante.

Y ahora, la leyenda ha dado un giro positivo. Se dice que encontrar a esta singular figura trae suerte y hasta puedes pedirle un deseo. ¡Quién diría que esta pequeña criatura de piedra tendría tantas historias que contar! La Mona de Jaén, más que una leyenda, es un símbolo de cómo las historias evolucionan y se transforman, y de cómo un pequeño rincón de una catedral puede capturar la imaginación de generaciones.