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El piconero de Sierra Morena: memoria del carbón y el picón en Jaén

El piconero de Sierra Morena: memoria del carbón y el picón en Jaén
Montón de leña preparado como carbonera tradicional para hacer carbón vegetal

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Montón de leña preparado como carbonera tradicional para hacer carbón vegetal

En Jaén lo tenemos claro: el invierno de nuestros abuelos olía a brasero. Bajo la mesa camilla, con las faldas echadas, ardía una lumbre mansa de picón, ese carbón menudo que salía del monte y llegaba a las casas a lomos de burro. En los pueblos de Sierra Morena, sobre todo en Santa Elena, Baños de la Encina y Carboneros, hacer carbón y picón fue durante mucho tiempo algo más que un oficio: era la forma de ganarse la vida de muchas familias.

Un oficio que daba de comer a la sierra

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) recoge este saber en su inventario de patrimonio inmaterial, a partir de los recuerdos de los propios vecinos. Según esos testimonios, hasta los años 80 del siglo XX el carboneo y el piconeo eran el sustento de numerosas casas de la zona. El carbón vegetal servía para las cocinas y el picón alimentaba braseros y hornillas: era, sencillamente, el combustible de todos los hogares.

La competencia de hornos especializados de otras regiones fue arrinconando el oficio. Hoy apenas complementa ingresos: se trabaja algún fin de semana o unos pocos días al año, casi siempre para consumo propio o para venderlo a conocidos.

El piconero que voceaba por las calles

Si algo permanece en la memoria colectiva de los mayores es la figura del carbonero-piconero recorriendo el pueblo a voces, con sus burros cargados de serones llenos de carbón y picón. Para muchos jiennenses de pueblo, aquella voz era la señal de que el brasero volvía a encenderse.

Esa memoria explica algo curioso que recoge el IAPH: muchas mujeres mayores siguen sin querer braseros de gas o eléctricos en sus mesas camilla. Prefieren el picón de siempre, y son ellas quienes mantienen viva la demanda.

Cómo se hacía el picón, paso a paso

El trabajo empezaba por encargo de los dueños de grandes fincas, que necesitaban limpiar el monte y sanear el arbolado. El piconero llegaba con sus herramientas, el pico, el azadón y el hocino, y seguía siempre el mismo proceso:

  • Recoger la leña: se cortaban matojos y se juntaban ramas de distintos tamaños procedentes de la poda, sobre todo de encina y hoy también de olivo.
  • Preparar la piconera: se allanaba un trozo de terreno y se quitaban piedras y matas para que el picón no se ensuciara.
  • Montar las gavillas: se apilaban montones de ramaje y, cuando superaban el metro de altura, se les prendía fuego.
  • Vigilar la quema: la llama se controlaba en todo momento para que la combustión fuera pareja y el carbón quedara fino.
  • Apagar: pasadas unas dos horas se echaban cubos de agua, los justos para ahogar el fuego sin empapar el picón.
  • Envasar: con las manos o con pala se metía en sacos grandes. Los trozos gordos, los tizos, que suelen ser raíces, se apartaban para casa.

Un último cuidado era clave: el picón debía enfriarse un tiempo y guardarse en un lugar aislado, porque podía avivarse dentro del saco.

Una tarea de invierno

El picón se elabora entre noviembre y febrero. No es casualidad: el resto del año está prohibido hacer fuego en el campo, dentro y fuera de los parques naturales. Por eso el oficio quedó ligado al invierno, justo la época en la que el brasero volvía a encenderse.

Qué queda hoy y dónde recordarlo

Quedan pocos piconeros y el oficio sobrevive más como costumbre familiar que como negocio. Pero el paisaje que lo hizo posible sigue ahí: dehesas de encina y olivar en los alrededores de Santa Elena, Baños de la Encina y Carboneros, en plena Sierra Morena.

Si te acercas a la zona, aprovecha para subir al castillo de Burgalimar en Baños de la Encina, visitar la ermita del Cristo del Llano o asomarte a la sierra desde el mirador de Pozo Nuevo en El Centenillo. Y si te quedan ganas de más memoria jiennense, en nuestra sección de historia de Jaén encontrarás otras historias de los pueblos.

¿Te acuerdas tú del piconero de tu pueblo? Esa voz por las calles forma parte de lo que somos.

Foto: carbonera tradicional montada en Bádenas (Teruel). Juan Emilio Prades Bel / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0